Invocación al tango


Suena, tango amigo, tu canyengue dormilón,
vuelquen los violines melodiosos su cantar,
gima su rezongo de tristeza el bandoneón
que también yo quiero recordar.
Como vos yo tuve una canción dentro de mí,
como en vos trinaron mis violines
su emoción
como en vos mil veces se ha encogido
de sufrir
este fueye de mi corazón.

Tango, que traés el olvido
como una copa de alcohol,
y emborrachás el sentido
con el veneno de tu sensación.
Dame, tango, tus tristezas,
que borracho de ilusión
yo quiero que tus ternezas
me expriman como un fueye el corazón

Ella también era una canción hecha mujer
y era como un trino de alegría su mirar,
como melodías de violines su querer
y cadencias de tango su andar.
Pero halló en la copa de tus versos su sentir
y también borracha de tu mala sugestión,
de tus bandoneones aprendió el hosco gemir
y ya para siempre entristeció.


Autor(es): José González Castillo, Cátulo Castillo